LEJOS Y CERCA (LA ESTÉTICA Y LA ECOLOGÍA EN LA OBRA DE AHAE)

Joseph Backstein / Director del Instituto de Arte Contemporáneo de Moscú (ICA Moscú) / Comisario de la Bienal de Arte Contemporáneo de Moscú

Las obras de Ahae se presentan como una visión única de los fundamentos naturales de la existencia humana. Sus fotografías parecieran proporcionar la evidencia: un bosque, campos y prados. Pero lo que en realidad se despliega ante nuestros ojos es una especie de metáfora del entorno ecológico ideal del hombre.

Existen varios niveles de representación. A nivel estético, desarrolla y transforma sin cesar la “perspectiva visual” en lo que se ha dado en llamar realidad que nos rodea, y reproduce la dialéctica entre “estabilidad y cambio”.
La estabilidad se expresa en el hecho de que el observador que reproduce la fijación fotográfica del mundo – y este punto de vista llega inevitablemente a la mente del espectador – está siempre en la misma posición exacta. Esta estabilidad ofrece a quien mira la fotografía, la convicción y la capacidad improbables y, filosóficamente hablando, ontológicas, de ver “el mundo tal como es”, el mundo en su esencia inmutable.
No obstante, al mismo tiempo, esta certidumbre representa la fijación de los cambios constantes que se producen en el mundo, en particular en su esencia subyacente de “naturaleza viva”. La inmutabilidad del punto de vista ofrece a Ahae la posibilidad de capturar y comunicar la grandeza de la naturaleza, en particular, cuando se manifiesta como el objeto de un cuidado constante y el intento de preservar su esencia primordial.
Es aquí donde, una vez más, se expresa la “extratemporalidad” del enfoque estético de Ahae. Las imágenes del mundo que Ahae nos presenta podrían haber existido desde hace siglos, el mundo no ha cambiado, se ha vuelto solo más frágil y vulnerable, pero ha conservado toda su belleza. Sin embargo, hay que comprender cómo mirar esta belleza.
Una dimensión importante de la obra de Ahae es el plano ecológico que está ligado a la estética del artista y no es completamente independiente de ésta. De hecho, Ahae crea, en la realidad que le rodea, un “espacio ecológico ideal”, pero el vocablo “ecológico” solo adquiere un significado concreto cuando se considera en relación y a la luz de la palabra “estético”, y no al revés, como podría parecer cuando se sostiene que la dignidad del “medio ambiente ecológicamente ideal” es suficiente en y por sí misma.
El punto de vista y la “perspectiva visual” del artista son diferentes a la manera en que un naturalista o un activista del medio ambiente ven y entienden el medio ambiente. Además, la postura polémica del ecólogo alcanza la entereza, perfección y validez en la medida en que está ontológicamente legitimada por la posición y la argumentación del artista.
Las obras de Ahae alcanzan un mayor significado – bastante inesperado – cuando se colocan en el contexto de la fotografía artística contemporánea. Tomando por sentado que sus obras son técnicamente perfectas, es evidente que su incapacidad de abordar los problemas planteados por el debate actual en torno a los enfoques fotográficos posmodernistas podría dejar perplejo a cualquier historiador de fotografía.
Pero, recurriendo a la terminología utilizada por Nicolas Bourriaud, se podría decir que Ahae reproduce una versión “altermoderna”, en concreto una especial “perspectiva espacial del tiempo”. Para la cultura contemporánea en su conjunto, tenemos una situación característica en que “cuanto más somos capaces de analizar el presente, menos necesitamos raíces”.
Uno de los méritos fundamentales de la obra de Ahae reside en el hecho de que, al presentarse ante nosotros, intenta contrarrestar este estado de cosas. Ahae observa el “presente” de modo que, dentro de su sistema expresivo, se convierte en “extratemporal” y, al mismo tiempo, concentra con insistencia nuestra atención en nuestras propias “raíces”, en la “naturaleza primitiva” y en el entorno ecológico ideal para el hombre.
En sustancia, lo que tenemos aquí es una “iconografía de la naturaleza” que, al igual que en cualquier espacio sagrado, forma su propia iconostasio, pero se construye de una manera absolutamente democrática, en el sentido de que cada espectador tiene derecho a construir su propia jerarquía de temas y situaciones.
Para concluir, cabe solo añadir que Ahae (parafraseando a Giorgio Agamben) nos ofrece una “desnuda vida natural” que figura, sin embargo, en las obras de Ahae como la “fuente y portadora de derechos”. El derecho de poseer el “entorno ecológico ideal” y el derecho a una existencia respetable en nuestro mundo globalizado y contradictorio en el que la “desnuda vida natural” es sometida a experimentos constantes y lucha por la supervivencia.

Enero 2012

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