LA ESENCIA DE LA FOTOGRAFÍA EN LA OBRA DE AHAE

Dr. Claudio de Polo Saibanti / Presidente de Fratelli Alinari – Fundación para la historia de la Fotografía, Florencia y Dra. Monica Maffioli / Directora Científica del Museo Nacional de Fotografía Alinari, Florencia

Mirar fuera de la ventana, abriendo los ojos más allá de los límites de esas cuatro paredes hacia el mundo que nos rodea, más allá de lo que parece ser la realidad es el tema que ha acompañado, desde su invención, la cámara fotográfica y sus aplicaciones, un “medio” visual que nos permite multiplicar hasta el infinito la perspectiva del conocimiento.

La primera fotografía de la historia, tomada entre 1826 y 1827 por Nicéphore Nièpce, es una vista desde su ventana en su finca, Le Gras, y captura el espacio arquitectónico sobre el que se asoma, revelando un juego de claroscuros, metafísico y bastante irreal, creado por la luz del sol durante el largo período de exposición, desde el alba al ocaso, necesario para fijar en el disco de peltre esta primera imagen “pintada por la naturaleza”. Remontándose a los “albores” de este invento que revolucionó nuestra manera de ver, uno de los experimentos más tempranos y más famosos de Daguerre es la vista tomada en París, entre 1838 y 1839 desde su ventana en el Boulevard du Temple, una imagen que es un ejemplo del potencial técnico y mediático de este nuevo medio de reproducción que se ha convertido en un icono en la historia de la fotografía: es en esta vista que el objetivo capta por primera vez un ser vivo, un hombre que posa, inmóvil, frente a un limpiabotas, transformando esta presencia totalmente involuntaria y fortuita en la epifanía del mundo real que se ve a través de la cámara, convirtiéndola en la memoria ofrecida a la historia.

Desde el primer momento, se reconoce que el medio fotográfico tenía la capacidad de captar el mundo real de una manera mucho más realista que cualquier otro medio de reproducción gráfica podría igualar, consiguiendo mostrar con éxito lo que el ojo humano no puede captar, debiendo hacer, en su memoria visual, selecciones condicionadas por su nivel de atención.

Con la inconsciencia de lo que ocurre delante del objetivo, pero confiando a la capacidad mecánica de la cámara fotográfica la tarea de grabar la escena y la acción que de forma autónoma ocurre, ajena a su propia voluntad, la actividad fotográfica de Ahae pareciera remontarse al valor original atribuido al medio fotográfico como medio para captar de forma inconsciente el mundo que nos rodea y que se desvela en su esencialidad matérica.

Desde la ventana de Ahae, se manifiesta la naturaleza, el objeto de su atención y de su filosofía de vida; la diosa a la que dedica su singular poema fotográfico, un himno a la pureza y a la autenticidad de la naturaleza que se celebra a sí misma gracias a la cámara fotográfica y a miles de imágenes que en una secuencia rítmica sistemática son tomadas por la cámara digital. No hay injerencia del fotógrafo en el acto de la composición, un solo encuadre impuesto dentro de los límites del horizonte de su propia ventana donde, sin embargo, la acción tiene lugar siguiendo los ritmos temporales dictados por los ciclos de la naturaleza, por las horas del día, así como por las estaciones del año, la vida y la muerte, siguiendo esa ciclidad infinita de las cosas que da su carácter trascendental a la realidad.

Desde este punto de vista, el trabajo que Ahae nos ofrece, lo acerca a un asceta fotográfico, el ermitaño que confía a su cámara y a las miles de imágenes que toma a diario, una secuencia filmada a través de la cual el paisaje, los seres vivos, la luz y los agentes atmosféricos dejan su huella en la memoria digital, cediendo a la sensibilidad de Ahae la tarea de seleccionarlas y de plasmarlas en una narrativa visual, en la expresión pura de la naturaleza que “pinta” su propio autorretrato.

Con este espíritu es que creo que debemos abordar la interpretación del proyecto fotográfico de Ahae, una invitación a reconocer, en estas imágenes que se presentan al público en impresiones fotográficas elegantes realizadas usando una variedad de técnicas en blanco y negro y color, el valor universal de la naturaleza y de sus formas y manifestaciones, pero también el apremiante llamamiento del artista por un verdadero compromiso por parte de la sociedad contemporánea para preservar la naturaleza en su magnífica potencia.

Enero 2012

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